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Abelardo de la Espriella asume la defensa de los 17 exmilitares colombianos procesados en EE. UU. por el magnicidio en Haití

La firma del reconocido jurista irrumpe en el complejo expediente por el asesinato del presidente Jovenel Moïse, un caso de escala internacional que hoy se dirime en los tribunales de Miami y sacude las fibras de la reserva militar del país.

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Abelardo de la Espriella asume la defensa de los 17 exmilitares colombianos procesados en EE. UU. por el magnicidio en Haití
Fotografía informativa de la cobertura de Redacción Sucesos. Foto: Archivo.

El eco del estruendoso magnicidio que desestabilizó a Haití en la madrugada del 7 de julio de 2021 vuelve a retumbar con fuerza en el escenario político y judicial colombiano. Este martes, el abogado y precandidato presidencial Abelardo de la Espriella anunció formalmente que desplegará un completo equipo jurídico para asumir la representación legal de los 17 exmilitares connacionales recluidos en el sur de la Florida. La decisión rompe el prolongado aislamiento de los imputados y reabre un complejo debate nacional sobre el amparo estatal, la memoria institucional y la responsabilidad trasnacional en un caso que sacudió los cimientos del Caribe.

El contingente de exsoldados forma parte del grupo de 30 procesados por la justicia estadounidense, acusados de articular y ejecutar el plan mortal contra el mandatario Jovenel Moïse en su residencia oficial de Puerto Príncipe. Tras permanecer detenidos durante más de dos años en precarias e inseguras prisiones haitianas, los colombianos fueron extraditados hacia territorio estadounidense para responder por cargos federales de conspiración. El pasado 21 de septiembre, la comisión compareció ante una Corte Federal del Distrito Sur de Florida en Miami, instancia donde la Fiscalía norteamericana busca esclarecer la red financiera y operativa tramada entre la capital caribeña, la Florida y Bogotá.

Para las familias de los exsoldados —que por meses marcharon en silencio ante la Cancillería en Bogotá denunciando tratos crueles e inobservancia del debido proceso—, la irrupción de la firma de De la Espriella representa un vuelco táctico tras años de desgaste económico y desamparo diplomático. La noticia impacta de lleno en la comunidad de veteranos de las Fuerzas Militares, un sector que insiste en que las tropas fueron reclutadas bajo engaño por firmas privadas de seguridad, reavivando la discusión pública sobre las condiciones socioeconómicas en las que se retira el personal militar en Colombia y su posterior vulnerabilidad frente al mercado de contratistas internacionales.

«No soy la clase de presidente que abandona a sus héroes cuando enfrentan dificultades. No los voy a dejar solos: tendrán respaldo para ejercer su defensa y para que toda esta situación se aclare», aseveró De la Espriella a través de sus canales oficiales. La estrategia de la defensa se enfocará en desarticular la narrativa de una conspiración orquestada desde los mandos medios, cuestionar las irregularidades en la cadena de custodia de las pruebas obtenidas en Haití y recalcar la ausencia de intencionalidad de los suboficiales, quienes afirman haber viajado bajo la convicción de prestar servicios de protección VIP.

El crimen de Moïse no solo sumió a la república haitiana en un abismo de violencia institucional y vacíos de poder aprovechados por bandas armadas, sino que expuso una sorda red trasnacional de contratación militar. Colombia, reconocida en el hemisferio por la alta capacitación táctica de sus uniformados tras décadas de conflicto interno, se convirtió en la cantera predilecta de firmas de seguridad con sede en Estados Unidos como CTU Security. El expediente reabrió viejas heridas geopolíticas sobre la fiscalización de las empresas militares privadas y el vacío legal en el que operan los veteranos una vez cuelgan el uniforme.

Con la entrada de este nuevo equipo de juristas, el juicio en la corte federal de Miami entra en una fase decisiva de descubrimiento probatorio y careos procesales. Las audiencias fijadas para los próximos meses definirán si los 17 colombianos enfrentarán penas de cadena perpetua o si la defensa logrará matizar los cargos mediante acuerdos o demostraciones de engaño contractual. El caso, lejos de clausurarse, se perfila como un eje de permanente tensión entre Washington, Puerto Príncipe y Bogotá, midiendo los límites de la justicia extraterritorial y la defensa procesal en el escenario global.

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