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El giro de Buenos Aires: Argentina blinda sus fronteras al declarar terroristas al ELN, las FARC y el Cartel de Sinaloa

Mediante una resolución conjunta de los ministerios de Seguridad y Relaciones Exteriores, el gobierno de Javier Milei endurece su política exterior y de seguridad, buscando asfixiar las estructuras financieras de estas organizaciones en el Cono Sur.

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El giro de Buenos Aires: Argentina blinda sus fronteras al declarar terroristas al ELN, las FARC y el Cartel de Sinaloa
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

Argentina ha dejado de ser un observador pasivo de la dinámica criminal que azota al continente. En un movimiento geopolítico de alto calado, la Casa Rosada ha formalizado la inclusión del Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las FARC-EP y el Cartel de Sinaloa en su listado oficial de organizaciones terroristas. Esta decisión no solo representa un espaldarazo a la política de 'mano dura' del Ejecutivo actual, sino que sitúa a Buenos Aires en la vanguardia de una doctrina de seguridad hemisférica que busca cerrar el cerco sobre los actores armados que han desangrado a Colombia y expandido sus tentáculos de narcotráfico hasta las puertas del Río de la Plata.

La medida se cristalizó a través de una resolución conjunta firmada por el Ministerio de Seguridad, liderado por Patricia Bullrich, y el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, bajo la tutela de la cancillería. El documento técnico establece la incorporación de estas estructuras al Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). Con esta rúbrica, el Estado argentino activa mecanismos de congelamiento de activos y restricciones de movilidad que pretenden neutralizar cualquier intento de estas organizaciones por utilizar el sistema financiero austral para el lavado de activos provenientes de la extorsión y el tráfico de estupefacientes.

Para el ciudadano de a pie, tanto en las calles de Rosario como en las avenidas de Buenos Aires, este decreto es una respuesta directa a la creciente preocupación por la 'mexicanización' de la violencia urbana. La presencia del Cartel de Sinaloa en la hidrovía del Paraná ha dejado de ser una sospecha para convertirse en una realidad operativa que amenaza la paz pública. Al catalogar a estas entidades como terroristas, el Estado simplifica los procesos judiciales para desmantelar células logísticas, permitiendo que la inteligencia criminal actúe con una celeridad que las leyes ordinarias de narcotráfico a veces ralentizan por su complejidad burocrática.

Desde el Palacio San Martín, las autoridades han sido enfáticas: esta resolución es un mensaje de alineación inequívoca con las potencias occidentales y los organismos de seguridad internacional. 'Argentina vuelve a las reglas del mundo civilizado, donde no se negocia con victimarios', señalaron fuentes ministeriales tras la firma del acuerdo. La postura marca una ruptura drástica con administraciones anteriores que mantenían una retórica de neutralidad o cautela diplomática frente a los grupos insurgentes colombianos, priorizando ahora una visión de seguridad nacional que prioriza la protección de las instituciones democráticas frente a la insurgencia y el crimen organizado.

El contexto regional no es menor. Mientras Colombia atraviesa un complejo proceso de 'Paz Total' con diversas facciones armadas, la decisión argentina introduce una variable de presión externa. Históricamente, el Cono Sur ha servido como retaguardia estratégica o zona de tránsito para capitales ilícitos de las guerrillas y los carteles mexicanos. Al cerrar este puerto seguro, Argentina no solo protege su soberanía, sino que debilita la cadena de suministros y la logística de grupos que, como el ELN y las FARC-EP, han demostrado una capacidad de mutación criminal que trasciende las fronteras andinas para instalarse en la selva paraguaya y el norte argentino.

El horizonte que se dibuja tras esta declaratoria es de una cooperación policial sin precedentes. Se espera que en las próximas semanas se intensifiquen los intercambios de información con la DEA y las autoridades colombianas para identificar testaferros y empresas fachada que operan en territorio argentino. El debate ahora se traslada al Congreso y a los tribunales, donde se pondrá a prueba la solidez de esta resolución frente a posibles desafíos legales, mientras el continente observa cómo Argentina redefine su rol en el tablero de la seguridad transnacional, apostando por una arquitectura legal que no admite matices frente al terror.

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