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El pulso ético en Sucre: la advertencia del Ejecutivo que pone en jaque la gestión en Sincelejo

En un inédito cara a cara, el presidente Abelardo de la Espriella condicionó el flujo de recursos nacionales para la capital sucreña, citando el prontuario judicial del alcalde Yahir Acuña como barrera infranqueable para la inversión pública.

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El pulso ético en Sucre: la advertencia del Ejecutivo que pone en jaque la gestión en Sincelejo
Fotografía informativa de la cobertura de Redacción Sucesos. Foto: Archivo.

La brisa de Coveñas fue testigo de un choque político sin precedentes en la historia reciente de Sucre. Durante una jornada de gobierno diseñada para proyectar el desarrollo regional, el presidente Abelardo de la Espriella rompió el protocolo diplomático para confrontar directamente al alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña. Lo que debía ser un encuentro técnico sobre inversiones se transformó en una advertencia contundente: el Ejecutivo nacional ha decidido blindar los recursos públicos ante lo que el mandatario calificó como una gestión marcada por la sombra de la corrupción y el clientelismo.

El señalamiento del jefe de Estado no es retórico, sino que se apoya en un complejo mapa judicial que rodea al burgomaestre sincelejano. Acuña enfrenta actualmente 13 procesos en distintas instancias, entre los que destaca un llamado a juicio por parte de la Corte Suprema de Justicia por presunto enriquecimiento ilícito de servidor público, derivado de un incremento patrimonial injustificado entre 2010 y 2018. A esto se suman investigaciones por sus supuestos vínculos con el grupo paramilitar 'Los Rastrojos' y una indagación abierta por la Procuraduría debido a presuntas irregularidades en el manejo del Programa de Alimentación Escolar (PAE), un rubro sensible que toca directamente la seguridad alimentaria de los niños de la capital.

Para la ciudadanía de Sincelejo, este enfrentamiento trasciende el plano del debate político y se instala en la angustia cotidiana por la ejecución de los presupuestos. La desconfianza manifestada desde la Casa de Nariño pone en vilo la llegada de proyectos de infraestructura y programas sociales que dependen de la cofinanciación nacional. La incertidumbre sobre quién administrará los recursos y bajo qué mecanismos de vigilancia se ejecutarán, genera un clima de zozobra en una comunidad que ha visto cómo los escándalos judiciales han paralizado históricamente el progreso de la región.

Durante el tenso intercambio, el presidente De la Espriella fue enfático al desestimar cualquier posibilidad de trabajo conjunto bajo el actual esquema administrativo de la alcaldía. El mandatario cuestionó la legitimidad de Acuña para gestionar dineros del Estado, recordándole que su historial judicial no es una cuestión de persecución personal, sino un impedimento ético para el ejercicio de la función pública. '¿Usted cree que yo voy a permitir que usted siga haciendo lo que sabe hacer, que es politiquería?', sentenció el presidente ante la mirada atónita de los asistentes al evento.

Este episodio es el síntoma de una fractura profunda en la relación entre el poder central y las administraciones locales en el Caribe colombiano, donde la sombra de los clanes políticos y las investigaciones por parapolítica siguen marcando la agenda pública. El caso de Sincelejo no es aislado; refleja una crisis de confianza que ha erosionado la legitimidad de las instituciones locales durante décadas. La región, históricamente golpeada por el saqueo de sus arcas, observa ahora cómo el Ejecutivo intenta trazar una línea roja que separa la autonomía territorial de la malversación de fondos públicos.

El desenlace de esta confrontación apunta hacia una intervención administrativa o una vigilancia especial sin precedentes sobre el gasto en Sincelejo. Mientras el alcalde Acuña enfrenta sus procesos en la Corte Suprema, el Gobierno Nacional ha dejado claro que buscará fórmulas alternativas para que la inversión llegue a la gente sin pasar por el filtro de la administración municipal. El debate ahora se traslada a los estrados judiciales y a los pasillos del Congreso, donde se definirá si el Ejecutivo tiene la facultad de congelar partidas presupuestales por razones de integridad ética, sentando un precedente que podría cambiar la forma en que se gobierna en las regiones.

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