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Tragedia en el altar: la familia del padre Sánchez Molinari exige esclarecer la caída de la cruz que le segó la vida en plena misa

Aunque la Policía de Guayaquil catalogó el suceso de accidental, los deudos del sacerdote de 52 años piden determinar si hubo negligencia en el anclaje de la pesada estructura de madera que se desplomó durante una transmisión en directo.

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Tragedia en el altar: la familia del padre Sánchez Molinari exige esclarecer la caída de la cruz que le segó la vida en plena misa
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

La liturgia transcurría bajo la habitual solemnidad vespertina en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el corazón centro-sur de Guayaquil, cuando el horror quebró la plegaria. Frente a decenas de fieles atónitos y ante el lente implacable de una transmisión dominical en directo por redes sociales, una imponente cruz de madera suspendida en el presbiterio cedió de su soporte y cayó de lleno sobre el padre Patricio Alfredo Sánchez Molinari. El golpe, seco y contundente, silenció la voz del prelado de 52 años en el instante más sagrado del rito, desatando una conmoción que rápidamente rebasó las fronteras ecuatorianas para sacudir a la comunidad eclesial de la región.

El informe preliminar levantado por los peritos de Criminalística de la Policía Nacional de Ecuador determinó que el deceso obedeció a un traumatismo severo catalogado de manera inicial como muerte accidental. No obstante, las interrogantes técnicas sobre el estado del maderamen, la corrosión de las fijaciones metálicas y la falta de inspecciones preventivas en recintos de concurrencia masiva abrieron de inmediato una grieta jurídica. La cronología oficial sitúa el colapso cerca de las siete de la noche del sábado, momento en que los equipos de paramédicos intentaron maniobras desesperadas de reanimación sin éxito, confirmando el deceso in situ antes de ordenar el traslado del cuerpo al instituto de medicina legal.

Para la grey católica de Guayaquil y los cientos de feligreses que seguían la homilía a través de sus pantallas, el duelo se entrelaza con una sensación colectiva de desamparo. El santuario, un punto de convergencia comunitaria donde las familias buscaban sosiego espiritual, amaneció bajo precinto judicial y con sus puertas clausuradas, dejando a los vecinos sumidos en el desconcierto. En las bancas vacías persiste la inquietud sobre las condiciones edilicias de las parroquias históricas y contemporáneas de la urbe costera, donde el calor, la salinidad y la humedad socavan silenciosamente anclajes y vigas sin que medien auditorías regulares de gestión del riesgo.

Desde Cuenca, donde residen los parientes más cercanos del clérigo, las voces de protesta exigen rigor forense y judicial para no archivar el caso en el cajón de la fatalidad fortuita. Patricio León, vocero de la familia, subrayó ante los medios que la devoción no puede silenciar la búsqueda de la verdad: «Comprendemos el misterio del tránsito terrenal desde la doctrina, pero la fe no anula la responsabilidad terrenal; exigimos saber con peritajes independientes por qué esa estructura colapsó de manera tan súbita sobre un servidor de la Iglesia». Sus palabras encontraron eco en diversos sectores civiles que instan a la Fiscalía General del Estado a tipificar una indagación previa por presunta omisión en el deber de cuidado.

El dramático episodio remite a los debates recurrentes en América Latina sobre el mantenimiento y la fiscalización de templos y monumentos sagrados, estructuras que suelen ampararse en regímenes de autogestión diocesana distantes de los rigurosos códigos de seguridad industrial aplicados a otros recintos públicos. Expertos en ingeniería forense recuerdan que en ciudades con alta vulnerabilidad climática y movimientos sísmicos esporádicos, los elementos suspendidos de gran tonelaje exigen mantenimientos trimestrales certificados, una práctica que en la mayoría de las parroquias latinoamericanas queda relegada a limpiezas superficiales por estrechez presupuestaria.

Con el expediente aún abierto en las oficinas seccionales de Guayas, el desenlace del caso dependerá del informe pericial de ingeniería mecánica y de la revisión de las bitácoras de obras de la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Entre tanto, la Arquidiócesis de Guayaquil prepara honras fúnebres de cuerpo presente bajo una tensa expectativa institucional, mientras los asesores jurídicos de la familia Sánchez Molinari evalúan formalizar una querella penal para que se identifique a los responsables directos de la custodia del templo y se siente un precedente inapelable que evite nuevas tragedias al pie del púlpito.

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