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El laberinto institucional de la Autónoma: tres rectores y una crisis de legitimidad

La ratificación de Jorge Senior por parte del Ministerio de Educación fractura la gobernanza de la Universidad Autónoma del Caribe, dejando en vilo a la comunidad académica ante el choque de poderes con el Consejo Superior.

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El laberinto institucional de la Autónoma: tres rectores y una crisis de legitimidad
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

La Universidad Autónoma del Caribe, otrora faro del pensamiento crítico en el Caribe colombiano, atraviesa una de las horas más oscuras de su historia reciente. El campus, ubicado en el norte de Barranquilla, se ha convertido en el epicentro de una crisis de gobernabilidad sin precedentes, marcada por un carrusel de liderazgos que ha visto desfilar a tres rectores en apenas doce meses, erosionando la confianza de estudiantes, docentes y padres de familia en la institucionalidad de la casa de estudios.

El epicentro del conflicto jurídico y administrativo reside en la reciente resolución del Ministerio de Educación, que ha decidido respaldar a Jorge Senior como rector, desestimando de facto la elección previa de Ana Bernarda Sajer, quien había sido designada por el Consejo Superior. Este pulso técnico-legal, que se dirime entre los despachos ministeriales en Bogotá y los pasillos de la sede administrativa en la calle 90, refleja una fractura profunda en los mecanismos de elección y autonomía universitaria que rigen a la institución desde su intervención estatal.

Para los cerca de 6.000 estudiantes que integran la comunidad académica, esta incertidumbre no es un asunto meramente burocrático, sino una amenaza directa a la continuidad de sus proyectos de vida y a la acreditación de sus programas. La volatilidad en la rectoría ha ralentizado procesos administrativos, congelado inversiones en infraestructura y sembrado un manto de duda sobre la viabilidad financiera de una universidad que intenta recuperarse de años de descalabros económicos y escándalos de corrupción.

Mientras el Ministerio sostiene que su decisión busca garantizar la transparencia y el cumplimiento de los lineamientos de vigilancia especial, los miembros del Consejo Superior han calificado la medida como una intromisión que vulnera la autonomía universitaria. La comunidad, por su parte, observa con escepticismo cómo las pugnas de poder se anteponen al rigor académico, exigiendo una salida definitiva que permita retomar el rumbo institucional sin que la política interna dicte el destino de la academia.

Este episodio no es un hecho aislado, sino la continuación de una larga estela de inestabilidad que ha perseguido a la Autónoma desde la caída de su antigua administración. La región Caribe, que históricamente ha visto en esta universidad un pilar para la formación de sus cuadros profesionales, asiste con preocupación a un ciclo de crisis que parece repetirse, recordándole al país que la debilidad institucional es un lastre que impide el desarrollo educativo y la equidad social en el departamento del Atlántico.

El desenlace de esta disputa parece destinado a los estrados judiciales, donde se definirá si el Ministerio de Educación ha excedido sus facultades o si, por el contrario, la medida es el único salvavidas posible ante el caos administrativo. En los próximos días, la comunidad universitaria espera una hoja de ruta clara que ponga fin a la interinidad, pues la Autónoma no resiste más cambios de timón en medio de una tormenta que amenaza con dejar a la deriva el futuro de miles de jóvenes profesionales.

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