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El último ruego de Blanca Pardo: un enigma de horror en los campos de Nariño

A sus 72 años, la mujer fue hallada en estado crítico tras una jornada de violencia atroz. Mientras la Fiscalía indaga un posible feminicidio, su familia clama justicia ante la incertidumbre de un crimen que ha estremecido los cimientos de la comunidad.

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El último ruego de Blanca Pardo: un enigma de horror en los campos de Nariño
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

La bruma del departamento de Nariño no logró ocultar la tragedia que se cernía sobre Blanca Pardo, una mujer de 72 años cuya existencia fue truncada por una violencia de una crueldad inusitada. El hallazgo, ocurrido al caer la noche del pasado 29 de agosto, no solo marcó el inicio de un calvario médico para la víctima, sino que desató una investigación judicial que busca esclarecer cómo una vida dedicada al campo terminó desvaneciéndose entre matorrales, víctima de vejámenes que aún hoy desafían la capacidad de asombro de las autoridades locales.

Los hechos, que ahora son objeto de una indagación formal por el delito de feminicidio, revelan un escenario dantesco. Según el testimonio de su hija, Marisol, quien la encontró cerca de las 7:00 p.m., el cuerpo de doña Blanca presentaba laceraciones profundas en la espalda, arañazos y marcas de mordeduras que sugieren un ataque prolongado. Se estima que la mujer permaneció al menos doce horas a la intemperie, expuesta al rigor del clima andino y a la barbarie de su agresor, antes de ser trasladada a un centro asistencial en Pasto, donde finalmente falleció tras días de lucha en la unidad de cuidados intensivos.

El impacto de este suceso trasciende el ámbito familiar y se instala como una herida abierta en la cotidianidad de los habitantes de San Bernardo. La vulnerabilidad de los adultos mayores en zonas rurales vuelve a ponerse sobre la mesa, dejando en evidencia la fragilidad de la seguridad en territorios donde el silencio suele ser el cómplice más eficaz de los victimarios. La comunidad, consternada, exige respuestas inmediatas ante un acto que ha fracturado la tranquilidad de la región y ha encendido las alarmas sobre la violencia de género en el departamento.

Mientras la Fiscalía General de la Nación avanza en la recolección de pruebas, las voces oficiales mantienen una prudencia técnica. Aunque el caso es tratado como un feminicidio, fuentes de Medicina Legal han señalado que, hasta el momento, no se ha podido confirmar científicamente la agresión sexual, un punto crucial que determinará la tipificación final del proceso. Por su parte, la familia de la víctima insiste en que las condiciones en las que fue hallada doña Blanca no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza depredadora del ataque que le arrebató la vida.

Este episodio no es un hecho aislado en el panorama regional. Nariño registra ya 17 casos de feminicidio en lo corrido del año, una cifra que refleja una crisis de seguridad y un preocupante retroceso en la protección de las mujeres. La historia de Blanca Pardo se suma a una lista de nombres que claman por una justicia que, en muchas ocasiones, se pierde en el laberinto de la impunidad y la falta de recursos investigativos en las zonas más apartadas de la geografía nacional.

El desenlace de este caso se dirimirá en las audiencias judiciales venideras, donde la familia espera que el peso de la ley caiga sobre los responsables. Mientras tanto, el eco de las últimas palabras de doña Blanca —un ruego por volver a la seguridad de su hogar— resuena como un recordatorio de la urgencia de implementar políticas públicas que garanticen la integridad de los ciudadanos más vulnerables. La investigación sigue abierta, y con ella, la esperanza de que la verdad logre imponerse sobre la sombra que hoy cubre a San Bernardo.

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