En el corazón del dial barranquillero, donde la academia y la cultura solían converger en una frecuencia de pensamiento libre, se ha instalado un silencio inquietante. La emisora de la Universidad Autónoma del Caribe, otrora faro de la divulgación científica y el debate intelectual, atraviesa una crisis de sostenibilidad y gestión que ha encendido las alarmas de la comunidad académica y de los oyentes que, por años, encontraron en sus ondas un refugio contra la banalidad mediática.
La situación, denunciada con vehemencia por el veterano locutor Henry Jiménez, revela un deterioro progresivo en la infraestructura técnica y una parálisis administrativa que pone en jaque la continuidad de la señal. Según los reportes internos, la emisora opera bajo mínimos, con equipos que han superado su vida útil y una falta de inversión que ha fracturado la programación habitual, dejando a la audiencia huérfana de los espacios de análisis y difusión que definieron la identidad de esta casa de estudios.
Para el ciudadano de a pie y el estudiante, la posible desaparición de este medio no es solo un asunto de frecuencias o transmisores; es el desmantelamiento de un espacio público de formación. La radio universitaria ha servido históricamente como el puente entre el aula y la calle, permitiendo que las investigaciones, las artes y las preocupaciones sociales de Barranquilla tuvieran un altavoz legítimo, un servicio que hoy se ve reducido a una programación errática que ignora su función social.
Ante el cuestionamiento público, las directivas de la institución han mantenido una postura de hermetismo, mientras que voces al interior del campus exigen una rendición de cuentas clara sobre el presupuesto asignado a los medios institucionales. Henry Jiménez, en su intervención, ha sido enfático al señalar que la desidia administrativa no puede ser la excusa para liquidar un patrimonio cultural que pertenece, en esencia, a la historia reciente de la educación superior en el Caribe colombiano.
Este episodio no es un hecho aislado, sino el síntoma de una crisis institucional más profunda que ha marcado a la Universidad Autónoma en años recientes. La radio, que en su momento fue pionera en la experimentación sonora y el periodismo cultural en la región, se suma ahora a la lista de activos institucionales que languidecen bajo el peso de una gestión cuestionada, recordando la fragilidad de los proyectos académicos cuando la prioridad se desplaza de la excelencia a la supervivencia burocrática.
El futuro de la emisora pende de un hilo, supeditado a decisiones administrativas que deberán definirse en las próximas semanas. Mientras la comunidad universitaria clama por un plan de salvamento que garantice la modernización técnica y la independencia editorial, el debate sobre el papel de la radio pública y universitaria en la era digital cobra una vigencia urgente, obligando a las autoridades a decidir si apuestan por la preservación de su legado o permiten que el dial se pierda en el olvido.
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