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El ocaso financiero de la Uniautónoma: una deuda de 7.500 millones de pesos que sacude sus cimientos

Un juzgado laboral ha emitido un mandamiento de pago contra la institución educativa en favor de la exrectora Silvia Guette. La cifra, derivada de litigios pensionales, pone en jaque la estabilidad presupuestal de una de las universidades más emblemáticas del Caribe.

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El ocaso financiero de la Uniautónoma: una deuda de 7.500 millones de pesos que sacude sus cimientos
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

En el corazón de Barranquilla, la Universidad Autónoma del Caribe se enfrenta a un nuevo y crítico capítulo de su historia reciente. Un mandamiento de pago, proferido por un juzgado laboral, ha ordenado a la institución desembolsar una suma que supera los 7.500 millones de pesos a favor de su exrectora, Silvia Guette. Este requerimiento judicial, lejos de ser un trámite administrativo menor, se erige como un recordatorio de las heridas institucionales que aún no cierran y que amenazan con comprometer la viabilidad operativa de una casa de estudios que ha sido pilar en la formación de generaciones de profesionales en la región.

El origen de esta acreencia se encuentra en una serie de sentencias judiciales que reconocieron diferencias pensionales acumuladas y compensaciones económicas a favor de Guette. Según el desglose técnico del fallo, la cifra consolidada abarca los conceptos legales derivados del vínculo laboral que, tras años de litigio en los estrados, han adquirido la firmeza de una orden de ejecución inmediata. La cuantía, que asciende a una cifra astronómica para las finanzas universitarias, responde a la liquidación de derechos pensionales que fueron objeto de disputa durante el complejo periodo de transición administrativa y crisis de gobernabilidad que atravesó la universidad.

Para la comunidad académica, este desenlace judicial es un golpe directo a la confianza y a la estabilidad del campus. Estudiantes, docentes y padres de familia observan con preocupación cómo los recursos que deberían destinarse a la inversión en infraestructura, laboratorios y becas de investigación, terminan siendo absorbidos por el pago de deudas heredadas de gestiones pasadas. La incertidumbre sobre el impacto que este egreso masivo tendrá en el flujo de caja institucional ha generado un ambiente de zozobra, temiendo que la calidad del servicio educativo se vea sacrificada ante la urgencia de cumplir con los mandatos de los jueces.

Desde la rectoría y el consejo superior, las voces han sido cautas pero contundentes. Mientras los abogados de la institución exploran los últimos recursos legales para intentar una renegociación o un aplazamiento, el estamento administrativo ha reiterado su compromiso de salvaguardar la continuidad del semestre académico. Por su parte, la defensa de la exrectora sostiene que el fallo es simplemente el cumplimiento de una obligación legal ineludible, amparada en el derecho al debido proceso y en la protección de los derechos laborales adquiridos, independientemente de la coyuntura financiera de la universidad.

Este episodio se suma a una larga lista de antecedentes que han puesto a la Universidad Autónoma en el ojo del huracán. Durante años, la institución ha navegado entre intervenciones del Ministerio de Educación, escándalos de corrupción y una crisis de reputación que ha intentado superar con esfuerzos de transparencia. El Caribe colombiano, que ha visto en esta universidad un símbolo de progreso intelectual, asiste hoy a una lección amarga sobre cómo la mala gestión y el desenfreno administrativo pueden hipotecar el futuro de una entidad privada con vocación pública.

El futuro inmediato de la Uniautónoma se dirimirá en los despachos judiciales y en la capacidad de su administración para blindar el patrimonio académico frente a esta orden de embargo. Mientras el debate sobre la responsabilidad patrimonial de los exdirectivos sigue latente en los pasillos del Congreso y en las instancias de control, la universidad se prepara para un periodo de austeridad forzada. La pregunta que queda en el aire, más allá de la cifra millonaria, es si la institución logrará sobreponerse a este lastre financiero o si, por el contrario, este fallo marcará el inicio de un proceso de reestructuración mucho más profundo y doloroso.

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