CARGANDO FECHA...
Volver a Portada Sucesos - Siempre Contigo
Canal Telegram
JUDICIALES • ACTUALIDAD

Radiografía de la impunidad en La Picota: el macrooperativo que al desnudo dejó la central de extorsión tras las rejas

El hallazgo de cerca de 600 celulares, miles de SIM cards y antenas amplificadoras de señal al interior del penal expone la sofisticada infraestructura delictiva que opera bajo el velo del Inpec y asfixia a los ciudadanos.

Compartir
Radiografía de la impunidad en La Picota: el macrooperativo que al desnudo dejó la central de extorsión tras las rejas
Fotografía informativa. Foto: Archivo / Redacción Sucesos.

En las entrañas del Complejo Carcelario y Penitenciario de Bogotá, conocido como La Picota, los muros de concreto no operaban para aislar la criminalidad, sino para resguardar su expansión. Un operativo de registro e intervención de alta filigrana, ejecutado en las últimas horas por las autoridades judiciales, puso al descubierto lo que durante años ha sido un secreto a voces en los pasillos de la justicia: los pabellones del penal albergaban una verdadera central clandestina de telecomunicaciones y finanzas ilícitas. La contundencia de lo hallado desmantela cualquier ilusión de control penitenciario y confronta al país con la gravedad de un sistema poroso donde el crimen organizado dicta sus propias reglas.

El inventario entregado por los peritos judiciales roza lo inverosímil para un recinto de máxima seguridad. En total, las autoridades incautaron 582 teléfonos celulares de tecnología avanzada, 3.754 tarjetas SIM dispuestas para la rotación constante de identidades, 38 módems de conectividad inalámbrica y seis antenas amplificadoras de señal ensambladas estratégicamente para burlar los inhibidores oficiales. La redada también permitió el decomiso de 356 armas cortopunzantes de fabricación artesanal, cargamentos de estupefacientes listos para el microtráfico interno, abultadas sumas de dinero en efectivo sin rastreo contable y decenas de accesorios electrónicos. La logística confiscada sugiere la existencia de un engranaje técnico capaz de mantener flujos de comunicación ininterrumpidos las 24 horas del día.

Para el comerciante de barrio, el transportador, el pequeño empresario y las familias que a diario reciben llamadas amedrentadoras en ciudades como Barranquilla, Cali, Medellín o Bogotá, este operativo no es una simple cifra judicial: es la cartografía del terror cotidiano. Desde estos mismos pabellones se coordinaban diariamente miles de llamadas extorsivas bajo modalidades como la suplantación de autoridad, el falso secuestro o la amenaza directa de atentados. El engranaje criminal alimentado por este arsenal tecnológico ha despojado de sus ahorros a miles de colombianos, convirtiendo a la extorsión carcelaria en un flagelo que paraliza la economía popular y carcome la tranquilidad ciudadana.

Frente al peso de las evidencias, los reflectores cayeron de inmediato sobre el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec). Voceros de la rama judicial y mandos de la Fuerza Pública coincidieron en que resulta físicamente imposible ingresar semejante volumen de equipos, antenas y cableado sin la anuencia, omisión o complicidad abierta de sectores de la guardia y la administración del penal. Desde la cúpula de las autoridades antiextorsión se enfatizó que cada teléfono decomisado equivale a la neutralización de decenas de delitos diarios, al tiempo que se exigió a la Fiscalía General de la Nación acelerar las investigaciones penales para desmantelar las redes de corrupción interna que lucran con el ingreso de estos elementos prohibidos.

El escándalo en La Picota no constituye un episodio aislado, sino el síntoma de una patología estructural que arrastra décadas en el modelo penitenciario colombiano. La región Caribe y los principales centros urbanos del país han sido víctimas históricas de la porosidad de las cárceles del interior, convertidas paradójicamente en santuarios de mando donde los cabecillas recluidos continúan dirigiendo vendettas, cobros de vacunas y reestructuraciones de bandas criminales. A pesar de los recurrentes anuncios de reforma, el relevo continuo de directores y los millonarios contratos para tecnología de bloqueo de señal que termina inoperante, el negocio de la telefonía penitenciaria se mantiene como una de las rentas ilícitas más lucrativas y codiciadas del hampa.

Tras el golpe material a las estructuras delictivas, la Fiscalía abrió una indagación preliminar de carácter penal y disciplinario contra el personal de custodia de los patios intervenidos, mientras la Dirección del Inpec anunció el traslado inmediato de varios reclusos de alta peligrosidad hacia pabellones de aislamiento estricto. La discusión vuelve ahora al escenario legislativo, donde diversos sectores insisten en la imperiosa necesidad de reestructurar de fondo la institución carcelaria e implementar auditorías tecnológicas externas. El país observa con escepticismo si este decomiso histórico marcará un punto de inflexión definitivo en el control de las rejas o si será, apenas, una pausa efímera en la incesante línea telefónica del crimen.

Canal Oficial • Alertas en Tiempo Real

¿Quieres recibir las noticias antes que todos?

Únete a nuestro canal de Telegram y recibe las últimas horas, primicias y reportajes especiales en tu celular.

Unirme al Canal